| Qué suerte atrae | Buena suerte para tres deseos personales |
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| Qué necesitas | Una cinta de Bonfim |
Ata tres nudos en una cinta de Bonfim para pedir suerte / 🇧🇷 Brasil

Ata tres nudos en una cinta de Bonfim y pide buena suerte con cada uno. En Salvador, la cinta permite llevar en la muñeca un recuerdo de esos tres deseos.
Qué suerte atrae
Una cinta de Bonfim da tres ocasiones para pensar en algo que quieres. Puedes dedicar cada nudo a un deseo distinto o acordarte de tres personas importantes para ti. En Salvador, las cintas de muchos colores se ven en la verja de la basílica de Senhor do Bonfim. También se llevan en la muñeca. Si otra persona te ayuda a atar la cinta, podéis compartir ese momento mientras guardas para ti las palabras del deseo. Piensa en algo que puedas imaginar con claridad: una reunión con la familia, una buena llegada a un sitio nuevo o el regreso de alguien a quien tienes ganas de ver.
Cómo atraer la buena suerte
- Extiende la cinta y elige tres deseos. Busca unas pocas palabras para cada uno, de modo que puedas recordarlos en orden.
- Da dos vueltas holgadas alrededor de la muñeca. Deja que la cinta quede cómoda. Si te resulta difícil sujetarla con una sola mano, pide ayuda con los extremos.
- Haz un nudo por cada deseo. Detente un momento para repetirlo en silencio antes de pasar al siguiente.
- Lleva la cinta como recuerdo. Si se la regalas a alguien, enséñale cómo se hacen los tres nudos y deja que esa persona decida qué quiere pedir. Si atas la cinta con otra persona, podéis hacer una pausa después de cada nudo antes de pasar al siguiente deseo.
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Origen e historia
La cinta toma su nombre de Senhor do Bonfim, en Salvador, estado de Bahía. Las cintas antiguas se conocían como medidas porque guardaban relación con una medida de la imagen venerada en la iglesia. Con el tiempo se hicieron familiares como recuerdos de colores, tanto atados a la verja como llevados en la muñeca. Los tres nudos son la parte que se recuerda con facilidad: un nudo para cada deseo. La tradición vincula los deseos con el momento en que la cinta se rompe por el desgaste natural. Regalar una cinta permite compartir el gesto aunque cada persona conserve su propia historia. Quien la entrega ofrece la ocasión; quien la lleva elige las palabras y guarda consigo el recuerdo del momento en que la ató.



